La partícula indivisible
I'm in the middle of some calibrations.
Abro Paréntesis
Estoy sola en casa esta mañana. Pocas veces estoy en casa por la mañana y menos aún a solas. Hoy se han dado las tres circunstancias a la vez. Es inevitable ante tal novedad que en mi mente se hayan manifestado ciertos pensamientos novedosos. Esto me ha recordado que me compré hace unos días esta camiseta, que ya estará a punto de llegar.
Pido perdón por adelantado porque lo que voy a decir a continuación es de Perogrullo.
En la vida estamos firmando contratos todo el tiempo sin darnos cuenta. Contratos pequeños e insignificantes, o eso puede parecer, que afectan a cuanto hacemos y a las relaciones que establecemos. Sin darnos cuenta, digo, pero más bien quiero decir sin tener en cuenta que hay un contrato original común a todo el mundo en este mundo -porque la expresión “todo el mundo” se nos ha quedado demasiado pequeña o está gastada y hace falta recordarnos que hace referencia a la globalidad, que no incluye solo al círculo de personas que conocemos- y que ese contrato es inquebrantable. Nada debe empeorar las condiciones de vida que establece ese contrato original universal porque es nuestro átomo, la partícula indivisible, lo más básico, lo que cualquier ser humano necesita para vivir y, sobre todo, para desear seguir viviendo. Nadie debe traicionar o saltarse jamás el contrato original universal básico que ampara a todas las personas sin importar leyes ni países ni aspectos ni religiones ni lo que diga tu papá o mamá.
Cuando hablamos de que una situación repetida a lo largo del tiempo te ha cambiado para mal o te ha quitado las ganas de vivir, estamos hablando de que alguien se ha saltado el contrato universal en tu cara. Ese que nadie debe saltarse. No importa el nivel ni la urgencia de tu caso, estoy hablando de todo el mundo en el mundo. Toda irregularidad al respecto nos afecta, porque otra cosa importante que parecemos olvidar es que los derechos humanos forman un solo punto, no una fila ni una columna, no hay ningún orden de preferencia entre ellos, todos los puntos son el mismo punto. Como unos mandamientos que, en lugar de en tablas de piedra, se grabaran automáticamente en nuestro ombligo, y en el de todos los demás, en el momento exacto en el que nos cortan el cordón umbilical.
Una idea: Los niños de San Ildefonso sacando papelitos en lugar de bolas y cantando uno a uno, aleatoriamente, los artículos de la Declaración Universal en la televisión pública por Navidad, para recordárnoslos al menos una vez al año.
Un apunte: El derecho a la libertad de expresión tal vez sea el peor entendido de todos los derechos humanos. El derecho a la libertad de expresión significa, simplificando, que no deberías, bajo ningún concepto, ir a la cárcel o sufrir sanción alguna por expresar tu opinión. Pero eso no significa que puedas faltarle el respeto a otras personas escudándote en tu libertad de expresión y que encima esas personas se tengan que quedar calladas. La ofensa es cuestión de educación. Pero opinar es una cosa y tratar mal a alguien usando solo palabras es otra. De hecho, el maltrato psicológico está penado en España, otro tema es la longitud y obstáculos que te encuentras por el camino para conseguir que se pene (me parece fatal que no exista esta expresión en términos jurídicos).
Veo
Tuve la gran suerte de ver en una pantalla grande, a través de mis gafas de sol graduadas, el documental de Gata Cattana la víspera del Día de la Mujer. La tarde del 7 de marzo, a medio camino hacia el Centro Andaluz de las Letras, donde lo proyectaban, me di cuenta de que me había olvidado las gafas en casa y mi miopía empezó a lamentarse: "si vuelvo a por ellas, ya no llego a tiempo, pero tampoco tiene sentido ir sin ellas porque no voy a ver nada". Pero descubrí, por suerte, que tenía las gafas de sol graduadas en el bolso y seguí adelante. Y llegué a tiempo. Me alegro tanto, tanto, de no haberme dado la vuelta aquella tarde, de haber visto 'Eterna' con mis gafas de sol graduadas (incluso, gracias a ellas, lloré más a gusto en un momento determinado).
Pensé que aquel documental, hecho con tanto cariño hacia ella, era el revulsivo que necesitaba yo para despertar un poco de este adormecimiento del espíritu que se me ha enquistado desde hace años y que no me suelta, que me recuerda a diario que me encuentro bastante alejada de lo que planeaba ser o haber hecho a mi edad cuando aún no la tenía. Pero ¿cuándo va a quedarme más tiempo por delante que ahora mismo para empezar a abrir la grieta que me permita salir?
La certeza de que alguien como Gata Cattana existió, tan intensa y brevemente, y que vivió en Granada unos años mientras yo también vivía en Granada unos años, y quién sabe si me la crucé por la calle o en algún bar sin saber quién era o llegaría a ser ella, me da fuerzas para hacer cosas, me produce más alegría que tristeza pensar en su talento y libertad. La tristeza solo sobreviene al final, como un epílogo para los que aún seguimos aquí sin sentirnos capaces de defender de ese modo nuestro propio talento y libertad.
'Eterna' (aquí podéis verlo en vuestros hogares, con o sin gafas de sol, cada uno sabrá lo que necesita) me descubrió que Gata Cattana, además de rapera, o más bien antes que rapera, fue una gran poeta.
Leo
Samantha Schweblin es una de mis escritoras favoritas. Lo mejor que he leído de ella es ‘Distancia de Rescate’, pero hoy quería mencionar un relato de ‘Pájaros en la boca’ que leí hace poco y que no pude dejar de imaginar como un estupendo cortometraje de terror, o incluso un vídeo musical magnífico. Se llama como la serie, sin tener nada que ver, ‘Mujeres desesperadas’. Pues resulta que, buscando ahora un enlace donde poder mostraros al menos un fragmento de este relato, acabo de descubrir que un corto o un videoclip no han hecho pero sí una ópera, y no me puede flipar más la idea.
En su lugar, os enlazo aquí otros dos textos fascinantes de ella, en este caso no se trata de ficción:
Este artículo sobre cómo su abuelo fue el entrenador de su mente creativa.
Este discurso inspirador sobre la magia de la literatura.
Escucho
Nunca me ha entusiasmado la original, pero esta versión me encanta.
Darse cuenta
Cuando te das cuenta de que no paran de incumplir el contrato original universal básico en todas partes todo el tiempo y te dan ganas de tirar la toalla, pero también que puedes empezar reclamando desde tu microcosmos porque la vida no es un historia lineal sino un juego de mundo abierto (como me alegró leer en esta gárgola digital):
Para la semana
Esto es algo que me planteo hacer yo también, es algo tan cotidiano que odio ver y hacer y odio que me lo hagan a mí. No debemos criticar lo que a otra persona le gusta, a no ser que sea en broma. Obviamente, considerando que lo que le gusta a esa persona no traiciona el contrato universal original básico que debería amparar a todo el mundo en el mundo.
Si lo que le gusta a esa persona es algo inofensivo pero que a ti no te gusta, dile simplemente que a ti no te gusta, que prefieres otras cosas, pero no te ensañes, no avasalles, no intentes imponerle tus gustos. ¿Qué ganas con decirle a esa persona -conocida o extraña, en persona o en redes sociales-, que una serie que le gusta te parece una caca absoluta y que su criterio no es acertado? Mejor recomiéndale tú otra serie que te guste y fin.
Ya digo que yo también lo he hecho y quiero dejar de hacerlo.
Keanu Reeves dijo una vez que había llegado a ese punto en la vida en que prefería mantenerse al margen de las discusiones. Si alguien le asegura rotundamente que 1+1 es igual a 5 simplemente le contestaría you’re right, have fun.
Cierro Paréntesis
El horario de verano es mi horario favorito. No es que me guste el calor, me gusta la luz. La luz natural recarga mi energía. Y en mi mente, ante el cambio favorecedor de horas de luz y la promesa del buen tiempo que nos trae siempre la primavera, se manifiestan pensamientos esperanzadores de estar un paso más cerca de abrir aquella grieta que mencionaba y exponerme al sol.
Bonus track
Centrémonos en buscar un punto de apoyo sobre el que pivotar.





